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Exposición sobre Helena Rubinstein

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En Nueva York, Estados Unidos, una exposición en el Museo Judío de esa ciudad explora el universo estético e intelectual de la magnate que quiso liberar a la mujer democratizando la cosmética. Los más renombrados artistas retrataron a Helena Rubinstein, entre ellos Warhol, Dalí, Man Ray, Marie Laurencin, Graham Sutherland, William Dobell. Rubinstein, poderosa mujer de mentón erguido y pelo negro recogido en un moño estirado, exhalaba seguridad en sí misma, que fue representada en esos óleos, fotos o dibujos de la época. La empresaria promovía el individualismo y autodefinición en toda mujer, quien según ella debía ejercer para alcanzar su libertad. Rubinstein defendía estas cuestiones ya que había luchado desde que salió de su Polonia natal huyendo de un matrimonio de conveniencia. Ella fue un ícono global del emprendedurismo femenino y una líder de moda, diseño y filantropía. 

El Museo Judío de Nueva York reivindica su nombre e influencia y explora por primera vez en esta exposición el universo artístico y estético de Helena Rubinstein a través de más de 200 objetos que van desde los retratos, a su vestuario, sus primeros anuncios, productos cosméticos y su amplísima colección de arte.

“Beauty is Power” es el eslogan que Rubinstein eligió para el anuncio de su primer producto, la crema Valaze, que empezó vendiendo en Australia, adonde llegó en 1896, y con la que fundó un imperio cosmético mundial. Durante el cambio de siglo, el maquillaje estaba sólo asociado a actrices y prostitutas, no obstante, Rubinstein estaba convencida de que los productos cosméticos eran la manera que tenía la mujer de transformarse, de elegir su identidad y afirmar su libertad. La belleza era poder para ella. Si bien murió en 1965 y no vivió la época en que las feministas pusieron en duda estas cuestiones, ya que consideraban el maquillaje una manera de convertir a la mujer en objeto, Rubinstein reafirmó el pintarse los labios de rojo como símbolo de emancipación. El sentido de individualidad e independencia que Rubinstein promovía era nuevo en el siglo XX y les permitía a las mujeres de mejorar su aspecto y encontrarse a sí mismas como individuos. Por eso, los salones de belleza que tenía en Nueva York, Londres o París, no eran simples spas, allí también se animaba a reconsiderar los estándares del gusto, a aprender sobre diseño, color y arte.

Helena Rubinstein diseñaba sus centros estéticos como lugares de conocimiento, inspirada por los salones literarios europeos. Ella supervisaba su decoración, colgando en sus paredes las obras de arte vanguardista que empezó a coleccionar en cuanto le llegó el éxito. Ella tuvo a Miró, Braque, Picasso, Nadelman, Kahlo, entre sus adquisiciones. Y por primera vez en 50 años se pueden ver en esta exposición, junto a los retratos que se obsesionó en encargar a todo artista conocido. La muestra se puede visitar hasta al 22 de marzo en el Jewish Museum de Nueva York.