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Stress y contracturas

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Stress
El stress o estrés es una respuesta natural del organismo cuando no se descansa lo suficiente o hay cambios en el estilo o ritmo de vida, así como cuando se presentan problemas en el hogar, escuela o trabajo. Produce nerviosismo y puede afectar a cualquier edad. Cuando una persona padece estrés es mayor el riesgo de sufrir enfermedades, debido a que dicho estado emocional disminuye las defensas del cuerpo.

Causas: ritmo de vida acelerado; dedicar la mayor parte del tiempo al trabajo y dejar a un lado las actividades recreativas; cambios en el estilo de vida causados por el nacimiento de un hijo, la muerte de un ser querido, divorcio o pérdida del empleo; exposición a fuentes de ruido; problemas en escuela, trabajo y hogar; descanso insuficiente, ansiedad y depresión; consumo de drogas. Síntomas: ansiedad; frustración; irritabilidad; insomnio; deterioro de la memoria; dolor de cabeza y muscular; falta de apetito; cansancio; cuando una persona fuma y se encuentra en este estado es común que incremente el número de cigarrillos que consume; los niños pueden sufrir los síntomas antes citados, excepto deterioro de la memoria. Diagnóstico: puede determinarse que una persona tiene estrés cuando no realiza de manera eficiente sus actividades diarias y ha perdido entusiasmo por las mismas. El diagnóstico se efectúa con base en los síntomas descritos, se toma en cuenta la historia clínica y se realiza un interrogatorio para saber cuál es la causa que produce estrés. Prevención: enfrentar los problemas; la relajación ayuda a bloquear el estrés; realizar ejercicios físicos y de respiración alivia el nerviosismo; dormir de 6 a 8 horas diarias; organizar cada una de las actividades diarias; complementos vitamínicos y alimenticios fortalecen al organismo y ayudan a contrarrestar el cansancio o fatiga; establecer una rutina de ejercicios; tomar un baño con agua tibia durante 30 minutos; la música controla el nerviosismo.

Contracturas

Una contractura es una contracción incontrolable y persistente de un músculo o grupo muscular. La contractura comprime los pequeños vasos que aportan sangre al músculo, dificultando así el flujo de sangre al mismo, esto favorece aun más la contractura, se crea por lo tanto un círculo vicioso que mantiene la contractura. Las contracturas pueden aparecer en el momento en el que estamos realizando el ejercicio o después. Las primeras se producen porque hay una acumulación de los metabolitos, que provocan dolor e inflamación, al no haber una suficiente irrigación sanguínea que depure la zona. Las segundas se deben a la fatiga excesiva de las fibras, que al acabar el ejercicio ven disminuída su capacidad de relajación. Síntomas: dolor y dificultad para mover la zona afectada, los músculos se tornan rígidos y generalmente obligan a una posición para evitar el dolor; en el caso del cuello suele ser con el cuello ligeramente flexionado y la cabeza echada hacia adelante, en las contracturas lumbares el tronco estará en ligera flexión y podrá aparecer una actitud escoliótica. Causas: la contractura muscular puede ser un síntoma de una enfermedad que subyace, como la artrosis, las hernias discales o las protusiones. En otras ocasiones la contractura muscular es la propia enfermedad en sí misma, sin ninguna otra alteración de base que la favorezca. En estos casos la enfermedad suele deberse a malas posturas mantenidas o a esfuerzos repetidos. La contractura muscular consiste en la contracción persistente e involuntaria de un músculo. Puede ser causa o consecuencia del dolor de espalda.

La contractura muscular como causa del dolor de espalda

En estos casos, la contractura aparece esencialmente cuando se exige al músculo un trabajo superior al que puede realizar, ya sea intenso y puntual, por ejemplo, un esfuerzo excesivo, o mantenido y menos intenso, por ejemplo, mantener unas horas una postura inadecuada. Por otra parte, algunas anomalías de la columna vertebral o desequilibrios de la musculatura favorecen que unos grupos musculares estén trabajando constantemente más de lo necesario, lo que les predispone a contracturarse. Eso mismo ocurre cuando falta potencia a la musculatura y se le exige que realice esfuerzos que exceden su capacidad. Por ejemplo, algunos estudios científicos han demostrado que la musculatura paravertebral es simétrica; la del lado izquierdo y derecho tiende a ser similar con independencia de que el individuo sea diestro o zurdo. En pacientes que han sido operados de la espalda, o que han padecido dolores de espalda de forma crónica, la musculatura paravertebral puede atrofiarse hasta en un 80% con respecto a la del lado sano, facilitando un reparto asimétrico de las cargas, la sobrecarga muscular o discal y la aparición de nuevos episodios dolorosos. En ese tipo de situaciones es fundamental hacer el ejercicio adecuado para cada caso específico, con el fin de contrarrestar esa tendencia y evitar la repetición de las crisis. La contractura muscular causa dolor de espalda por varios mecanismos. La contractura de un músculo activa directamente los nervios del dolor que están en él, desencadenando dolor de espalda. Además, el músculo contracturado puede comprimir la arteria, disminuyendo su riego sanguíneo. En esa situación se forma un círculo vicioso porque el músculo con menos riego tiende a contracturarse más fácilmente y, además, la falta de sangre activa más los nervios del dolor. Si esa situación se mantiene un período prolongado o se repite con frecuencia, el músculo se contractura cada vez con mayor facilidad. En esa situación, hacer el ejercicio físico adecuado es fundamental para romper esa tendencia.

La contractura muscular como consecuencia del dolor de espalda


Con independencia de cuál sea su motivo, el propio dolor de espalda puede causar la contractura muscular por un mecanismo reflejo. En estos casos, la contractura no es la causa primaria del dolor, pero sí un factor añadido que puede agravarlo. Además, puede empeorar algunas de sus causas. Por ejemplo, en una hernia discal dolorosa, la contractura muscular puede aumentar la fuerza de compresión sobre el disco. Se recomienda: miorelajantes y antiinflamatorios: ciertos fármacos logran relajar la musculatura y reducir la contracción, se suelen utilizar sobre todo en los casos en los que el dolor es agudo, siempre deben de estar prescriptos por un médico; calor local: suele ser muy útil al conseguir un efecto relajante y analgésico; masajes: el masaje provocará un aumento del flujo sanguíneo que mejora la recuperación de tejidos y limpieza de metabolitos además de propiciar una relajación del músculo, reduciendo la tensión y por tanto el dolor; los estiramientos y la actividad ligera en el agua son aconsejables tras la fase aguda de la contracción.



Autor: Escribe: Carolina Bonaluce, cosmiatra, esteticista