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Historias de Tocador

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El Museo de Arqueología de Catalunya presenta la exposición “Historias de tocador. Cosmética y belleza en la Antigüedad”, donde se expone la preocupación humana por el aspecto, la belleza y la higiene personal en nuestros antepasados. En otras épocas no se recurría a las cirugías estéticas sino a métodos naturales para estar más bellos. Esta interesante muestra que se realiza hasta el 17 de junio en Barcelona, España, revela algunos misterios como los perfumes de antaño, los baños, el diseño de pelucas y todo tipo de técnicas para la belleza facial y corporal. El recorrido se estructura en cuatro ámbitos centrados en Egipto, Grecia y Roma: el cuidado del cuerpo; ungüentos y perfumes; el cabello y últimos retoques (maquillaje y joyería). Durante las fiestas el museo realizó talleres especiales para descubrir en familia todos los secretos de la belleza en la Antigüedad, conociendo cómo se arreglaban para “salir”, oliendo sus perfumes, peinándose al estilo romano.

Siglos de belleza
En la Grecia clásica, las damas tenían trucos para lucir rostros tersos y jóvenes. Las mujeres se ponían máscaras faciales elaboradas con harina y cuando se levantaban, se retiraban el preparado y se limpiaban con leche. En el siglo I antes de Cristo, el poeta Ovidio aconsejaba a sus musas que utilizaran mascarillas vegetales. La muestra exhibe los ungüentos, perfumes, maquillajes, tintes y joyas que usaban hace siglos y muestra algunos detalles como el hecho de que en el Egipto de los faraones, y en la Grecia y Roma clásicas, no conocían el jabón sólido. Para lavarse utilizaban una esponja empapada en sustancias abrasivas como la raíz de la saponaria, la sosa, o la ceniza de haya o directamente la piedra pómez. Después se aplicaban aceites para evitar la resecación y las grietas de la piel. La expo señala que depilarse era ya por entonces un hábito para hombres y mujeres ya que formaba parte del proceso de limpieza general y se empleaban pinzas o una especie de cera a base de brea, aceite y una sustancia cáustica.
También se teñían el pelo, en Roma las canas se disimulaban con el color artificial. Si éste era negro o castaño, era para transmitir castidad y en general se usaban cenizas y grasa animal. Para las romanas ricas teñirse de rubio para lucir cabellos dorados como las bárbaras de la Germania era sinónimo de seducción. Para eso, se aplicaban azafrán o grasa de cabra y cenizas de haya. Las pelucas eran comunes en la clase alta. En el caso de los hombres, Ovidio sostenía que un mal corte de pelo podía estropear un rostro bello. Sobre todo la calvicie, considerada un defecto y que se disimulaba peinando el cabello hacia delante, con postizos, pelucas o aplicando ungüentos. Las mujeres griegas tenían recetas contra la caspa, mucho antes de que se inventaran los champúes  anticaspa. Los poetas latinos hablan del afeitado como un proceso lento, delicado y a veces doloroso y traumático. Y es que, en la Roma imperial no se conocían las cremas de afeitar, ni los suavizantes para navajas.

En Grecia y Roma acostumbraban pintarse con maquillaje muy vivo y contrastando colores. En Roma se valoraba tener la piel lo más blanca posible, de ahí que la cerusa o blanco de plomo servía de base de maquillaje. Se pintaban las mejillas, los labios de color rojo y los ojos, con galena o antimonio pulverizado. Los antiguos egipcios se lavaban todos los días, inventaron la ducha y por higiene se rasuraban la cabeza, ya que fue una época con muchos parásitos. Por eso, para compensarlo se ponían pelucas. Y aunque las pinturas faciales se utilizaban en el neolítico y casi en el paleolítico, los que les dieron una utilización generalizada como arma de seducción fueron las egipcias. Pero en los comienzos se pintaban los ojos para prevenir las inflamaciones oculares que provocaba el clima ventoso del desierto y para repeler los insectos. Según antiguos papiros egipcios, el semen era uno de los tratamientos empleados por Cleopatra para mantenerse joven. El semen tiene propiedades astringentes, rehabilitadoras y antioxidantes, por lo que una crema elaborada con base de sus proteínas y nutrientes, puede ayudar a prevenir el envejecimiento prematuro y combatir arrugas.

La exposición
La muestra se divide en cuatro ámbitos: El cuidado del cuerpo, Ungüentos y perfumes, El cabello y Últimos retoques. La representación de un centauro con cola de pez recibe en la entrada a la exposición; es el fragmento de un mosaico que decoraba el pavimento de una de las termas de Barcino, la Barcelona romana. El espacio, diseñado por el escenógrafo Ignasi Cristiá, invita a los visitantes a viajar y trasladarse a la antigüedad para descubrir sin escalas cómo el concepto de belleza existe desde épocas remotas. Un video expositivo muestra a través de transparencias un juego visual que permite comparar el ideal de belleza de una época pasada con el ideal de belleza contemporáneo y descubrir que nuestros cánones son similares a los de la época clásica.

La exposición comienza su recorrido con el cuidado del cuerpo. Un espacio central insinúa unas termas romanas, presenta a la mujer y al hombre a través de dos esculturas clásicas. En el centro, el mosaico de las Tres Gracias, hallado en Barcelona y una de las mejores piezas conservadas en el MAC, representa las tres divinidades que formaban parte del séquito de Afrodita, la diosa del Amor. Simbolizaban la belleza, la castidad y el entusiasmo; una representación muy utilizada por los artistas a lo largo del tiempo. Presidiendo la exposición, como eje de la misma, se dispone la testa femenina conocida como Dama Flavia, la imagen de la exposición. La Dama, datada en el último cuarto del siglo I d.C., sigue fielmente el vistoso peinado que puso de moda Flavia Julia, hija de Tito, en la Roma imperial. Xeska Forne, directora del equipo creativo de Raffel Pages, replicó esta imagen en una peluca inspirada en el peinado de la Dama Flavia, y que ahora se expone al lado de la pieza original.

También capta la atención la escultura púnica con un piercing del siglo IV-III a.C., y un doble ungüentario que conserva en su interior restos del cosmético que contenía y de la espátula que se utilizaba para extraerlo. El producto, analizado en los laboratorios de la Universidad Autónoma de Barcelona, es una mezcla de productos minerales -la base típica de cosméticos como el köhl, que todavía se utiliza ahora para maquillar los ojos-, y de elementos orgánicos como extractos de plantas, pigmentos y grasas animales. La exposición establece paralelismos modernos con elementos reconocibles como un tocador moderno, una escena de baño de principios del siglo XX, el típico rótulo de las barberías de finales del siglo XIX, o una importante colección de frascos de perfume diseñados por el maestro vidriero René Jules Lalique. “Historias de Tocador” ha contado con la colaboración del Museo de la Peluquería Raffel Pages y del Museo del Perfume-Fundación Júlia Bonet de Andorra. Ambos museos han cedido piezas para la exposición y participarán activamente en la organización de las actividades de difusión y promoción, paralelas a la exposición.

Actividades
El ciclo de conferencias incluye “El cuidado del cuerpo y el arte del engaño”, por Teresa Carreras, conservadora del MAC y comisaria de la exposición; “La belleza: gracia y desgracia”, por Pedro Azara, profesor de Estética de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, UPC; “Diosas, princesas y matronas. El lenguaje de los peinados en la antigüedad”, por Montserrat Claveria, profesora de Historia del Arte de la UAB; “El perfume”, de Patrick Süskind. Algunas jornadas para aprender con los expertos: “Pasado y presente de la cosmética. Visita guiada a la exposición y taller de cosmética natural y aromaterapia”; “Trenzas, moños y recogidos. Clase abierta de peluquería, con Kuanum y Xesca Forne, directora del equipo creativo Raffel Pages. Una clase magistral de peluquería bajo la guía de una experta peluquera y una arqueóloga”; “Desfile de peluquería inspirado en la antigüedad. Con Xeska Forne, directora del equipo creativo Raffel Pages y la colaboración de la Escuela de Diseño BAU”. La exposición se puede visitar en la sede de Barcelona del Museu d'Arqueologia de Catalunya (Paseo Santa Madrona, 39. Tel. 93 4246577 | 93 4232149 | www.mac.cat) del 20 de diciembre de 2012 al 17 de junio de 2013. Horarios: Martes a sábado de 9.30 a 19 hs. Domingos y días festivos de 10.30 a 14.30 hs. Lunes cerrado. La entrada cuesta 3 euros y es gratuita para menores de 16 años y mayores de 65, y el último domingo de cada mes.



Fuente: Estilo Profesional
Web: www.estiloprofesional.net