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El hombre en el gabinete cosmetológico

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Escribe: Ana María Sovrán (*)

El mundo de la cosmetología, hace ya un tiempo, no es sólo patrimonio de la mujer en su inquietud y preocupación por una apariencia saludable que ayude al inexorable paso del tiempo. El hombre llega a la cosmetología buscando respuestas diferentes que la mujer, pero también se preocupa por su aspecto. Desde luego, el profesional concientizado, antes de brindar un tratamiento deberá recordar las tres diferencias básicas que diferencian a esta piel, que son espesor, firmeza y secreción sebácea. El hombre posee una epidermis y dermis más gruesa (24% más que la mujer). Posee más cantidad de colágeno y menos fibras elásticas.
Los caracteres definitivos de su piel se establecen alrededor de los 17 y 18 años y mantienen esa estabilidad hasta cerca de los 60 o 65 años, mientras que la mujer sufrirá oscilaciones permanentes por sus ciclos hormonales desde la pubertad, menarca, embarazos, menopausia. La evolución de su piel será lineal, mientras que la de la mujer será cíclica. Este verdadero órgano de expresión en el hombre posee glándulas sebáceas y sudoríparas más desarrolladas y folículos pilosos más dilatados y visibles. El film hidrolipídico es mucho más abundante, y esta abundancia va acompañada de una mejor producción de la fase liposoluble por las glándulas sebáceas.
La estimulación androgénica muscular en el varón es muy grande y este estímulo aumenta ciertas consecuencias como la alopecia, el acné y los signos viriles. La zona inferior o tercio inferior del rostro en el hombre posee mayor densidad capilar, mayor grosor y desarrollo mayor de anexos. La práctica del rasurado diario constituye una agresión constante que elimina el manto epicutáneo, deshidratando de esa forma la capa córnea. Este deterioro provoca –muchas veces- picazón y en ocasiones erosiones que son puerta de entrada a múltiples microorganismos. Así, las consultas más frecuentes que realiza están relacionadas con la irritación post-afeitado, oleosidad, brillo, deshidratación y arrugas peri-orbitarias.
Aquí, el objetivo de los tratamientos tiene un tenor diferente: debe existir un cuidado en profundidad que comienza con la higiene, a fin de remover detritus y bacterias propias de la piel. Disminuir el grosor de la capa córnea con renovadores de acción mecánica combinados con los de acción química, equilibrar la secreción sebácea, descongestionar y revitalizar. En cada protocolo debe estar agregado el tratamiento de párpados. El hombre se preocupa por sus surcos y líneas de expresión, y exige cuidados específicos. Los vehículos son tan importantes como los activos, pues en este tipo de piel sólo deben prevalecer los bálsamos, geles, serum, emulsiones livianas y evanescentes.
El principal daño sobre la piel (al igual que en la mujer) es producido por la exposición solar, es entonces que ningún tratamiento puede ser útil si no se acompaña con la debida protección frente al medio ambiente y a la radiación solar. El profesional debe educar, pues cuidar la piel es cuidar la salud. También aquí será importante que prevalezcan los  vehículos gelificados y soluciones. Tener en claro las diferencias que existen en la piel femenina y masculina es lo que permite realizar cuidados específicos y destacados.

(*) Cosmetóloga, auxiliar en cosmiatría, auxiliar en linfología, miembro activo del Banco de Talentos de Conferencistas Hispanos en Estética.