Escribe: Lic. Alejandra Torreiro (*)
Terapia complementaria, mal llamada alternativa, es un término popular para denominar a aquellos tratamientos terapéuticos que no se encuadran dentro de la medicina occidental ortodoxa contemporánea. Muchas de las medicinas o terapias complementarias conservan su práctica original, que en algunos casos se remonta a varios miles de años. No son antagónicas a la medicina tradicional, son técnicas que completan el circuito de tratamientos para llevar a la cura de la enfermedad.
Es muy importante indicar que las medicinas o terapias complementarias, son siempre complementarias y no reemplazan a los tratamientos médico-ortodoxos. Cuando todavía no se conocía lo suficiente acerca del funcionamiento del cuerpo humano, la sabiduría para curar de algunas personas se confundía, a veces, con la magia. Esto llevó a la persecución de los que tenían el saber de curar. Con el paso de los años, algunas técnicas fueron estudiadas desde una perspectiva más científica, de modo que, cada vez más, se reconoce y demuestra su eficacia. El objetivo general de las terapias complementarias es promover un estado de salud física, mental y emocional, y prevenir el desarrollo de la enfermedad en la medida en que sea posible. Esto se logra potenciando el equilibrio entre lo espiritual, emocional y físico de la persona.
¿Cómo actúan las terapias complementarias?
Un síntoma es una respuesta del organismo que intenta adaptarse a estímulos que lo desequilibran, como pueden ser: polución, ruido ambiental, predisposición genética, bacterias, virus, parásitos, accidentes, operaciones quirúrgicas, estrés psicoafectivo, profesional y social, entre otros.
La Terapia Complementaria siempre intentará tratar el origen del síntoma, tendrá en cuenta la individualidad de cada persona y estudiará lo que se denomina “terreno orgánico” que se define como la predisposición física y mental susceptible de provocar, en función de las circunstancias, un desequilibrio en la salud, el que, si no se busca una solución, acabará derivando en una patología o una lesión orgánica (celular, de tejidos o de un órgano).
Importancia del factor emocional
Las emociones humanas son tan potentes que pueden modificar la función biológica del organismo, de modo que se generen síntomas físicos. Nora Weeks, gran conocedora de Edward Bach, habla de su filosofía con estas palabras: “... cualquier perturbación de la mente, como una preocupación, miedo o depresión continuos, no sólo tendría como resultado una pérdida de la paz y de la serenidad, sino que se comunicaría al cuerpo, a través de los nervios, y provocaría la desorganización del funcionamiento correcto de los órganos y la pérdida de tono y de vitalidad en los tejidos” (Weeks N, 1993, 50).
Esta reflexión subraya, en primer lugar, la importancia de las emociones como antecedentes y precursoras de enfermedad; en segundo lugar, el entender las emociones de “incomodidad” como un aviso. El cuerpo siempre avisa, a través de las emociones, y pone de manifiesto los cambios en su energía vital. Así, por ejemplo, las emociones que provocan la contracción de algunos músculos de la espalda pueden acabar acortando los espacios intervertebrales de la zona y, a la larga, comprometer las raíces nerviosas que provienen de la médula. Como consecuencia, tarde o temprano, los órganos que dependen de aquella inervación se verán afectados en sus funciones.
Si se estudian los mecanismos bioquímicos del estrés, se puede entender cómo las emociones, desde el cerebro medio, desencadenan cambios hormonales que, si no se reequilibran, acaban influyendo en los diferentes sistemas orgánicos y alteran de manera importante la inmunidad, lo que puede comportar muchos perjuicios. En definitiva, un sistema emocional saludable promueve la salud general del individuo.
Entre los diferentes tipos de terapias complementarias encontramos las siguientes: fitoterapia, terapia ortomolecular, aromaterapia, hidroterapia, homeopatía, antroposofía, gemoterapia, terapia floral (flores de Bach, de California), cromoterapia, hidroterapia, peloides, colonoterapia, musicoterapia, arteterapia, zooterapia, tanques de flotación, shiatsu, reflexoterapia, drenaje linfático, reiki, digitopuntura, auriculoterapia, osteopatía, masaje cuántico, esferodinamia, masaje tailandés, masaje californiano, masaje ayurvédico, danza, teatro, yoga, visualización curativa, técnicas de meditación, medicina ayurvédica, medicina tradicional china.
La medicina oficial y las terapias complementarias consideran y practican formas diferentes de diagnosticar y de tratar la enfermedad, pero su objetivo primordial es el mismo, curar. Sería conveniente no buscar como último recurso la ayuda de las terapias complementarias, cuando todos los demás tratamientos e intervenciones médicas no han podido restaurar la salud deseada. Por el contrario, es recomendable, si el paciente lo elige, utilizar alternativas complementarias junto con la medicina ortodoxa tradicional.
(*) Asesora de la Academia Nefer, Centro de Formación en Estética Integral.
Fuente: Academia Nefer, Centro de Formación en Estética Integral.
Autor: Lic. Alejandra Torreiro