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Bruno Salas - El maestro inspirador

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 Muchos jóvenes y otros tantos profesionales consideran a Bruno Salas uno de los grandes maestros de la peluquería argentina moderna. Con una destacada trayectoria nacional e internacional, el estilista comparte con Estilo Profesional sus comienzos, logros, satisfacciones y reflexiones de toda una vida dedicada al mundo de la belleza.

 

¿Cómo descubriste tu vocación?

Creo que mi vocación fue natural. A los 8 años descubrí las revistas de peluquería en lo de Miriam, la peluquera de mi madre, de la cual me enamoré perdidamente. Ella le hacía unos peinados increíbles con el cabello largo hasta la cola, finito y lacio, sus batidos perfectos le duraban 7 días sin moverse un solo pelo. En esas revistas encontré toda la información de la profesión del peluquero, eventos, concursos, premios. Estaba fascinado. Y sumado a esto el trabajo de mi madre como modista para las mejores etiquetas de la época, mi mundo era la moda. Mi tía Mary, la menor de las hermanas de mi padre, era peluquera en su casa, atendía en el garage, donde tenía instalada una mini peluquería. Ella era muy celosa de sus elementos de trabajo y no me dejaba tocar mucho sus cosas, hasta el día de hoy ella sigue ejerciendo allí en su casa. Esta fue su forma y filosofia: poco, pequeño y bueno. Yo la amaba, era mi ídola, y mi padre fue un peluquero “trucho”, para pasarla bien en el servicio militar y vaya si la pasó bien que lo nombraron peluquero oficial del Casino de Suboficiales. Estos fueron los puntos más importantes que marcaron mi camino. Papá siguió cortándole el cabello gratis a toda persona que se lo requeria y no podía pagar una peluquería, jamás cobró un corte.


¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?

Estudié 3 meses en Apya con 13 años, y me aburrí tanto que comencé a buscar trabajo, obvio que decía y creía que ya sabía todo. Seguí estudiando y trabajando al mismo tiempo. Mi primer trabajo fue en la calle Peña entre Uriburu y Junín. Juan Carlos Altopieri, mi consejero, un padre, me educó con los valores profesionales del más alto nivel, luego Pablo Suárez en Ramos Mejía, top de la época, genio del divismo, creativo, un profesional completo. Por consejo de ambos recorrí los 100 barrios porteños hasta encontrar el mío, el que yo quería para crear mi historia, y de cada barrio me llevé clientas, que perduran casi en su totalidad hasta el día de hoy. Fueron pocos y cortos mis comienzos, pero muy sólidos, de buena gente que me guió.


¿Cuánto se parece tu vida hoy a lo que imaginabas de adolescente?


Fantasée mucho en mi adolescencia. Creí en mí mismo más que nada en la vida, e hice de cada sueño y fantasía mi realidad. Hoy soy lo que quise ser y no lo cambiaría por nada. Cada cosa que imaginé luego se hizo realidad.


¿Dónde te formaste y quiénes fueron tus grandes maestros?


Mi formación comenzó en Apya. Niní Farriz fue mi primer maestra, Emilio Ruffini mi gran influencia para tomar con seriedad este gran oficio. Una vez él me dijo: “Vos no cortás el cabello con la tijera, hacés dibujos de pelo”. Luego, Miguel Angel Martinucci, Fabián Sigona, Flavio Orsini, Coty de Moreno, Josef, Alexander de Paris, Aldo Copola, José Luis Llongueras, Vidal Sassoon, Jesús Navarro Salanova, Cevado, Tony & Guy, Mahogany, Gigi Gandini. En este orden, y cada uno hasta el día de hoy, entre otras tantas escuelas internacionales, me hicieron ser lo que soy y aún me falta seguir aprendiendo. Sabemos cuando empezamos pero no cuando terminamos, esto es mágico.


¿Qué debe saber esencialmente un estilista?


Todo. Estilista es aquel ser consciente de su gusto por la estética, pelo, rostro, piel, indumentaria, accesorios. Debe estar al tanto de todos los rubros de la belleza y ser capaz de crear una imagen estética sobre un ser vivo, diseñándola y ejecutándola. Dando estilo, fundamenalmente.


¿Quiénes son los grandes maestros hoy?


Un gran maestro es aquel profesional capaz de transmitir sus conocimientos al otro sin egoísmos, compartiendo también la ignorancia, pudiendo captar de sus pares más sabios más caudal de conocimiento para crecer juntos. Creo que así fueron, son y serán los grandes maestros siempre. Enseñar es virtuoso, transmitir es un don, un privilegio, más allá del ego y las vanidades propias de ser artista. Oscar Colombo, Silvia Aranza, son para mí referentes propios y reales del futuro.


¿Qué generación de estilistas se viene? ¿Ves alguna figura prominente?


Veo una peluquería nueva, de mucha música electrónica, luces psicodélicas, exceso de producción protagónica en el profesional de hoy, con mucho gel en el pelo, piercings, tatuajes, mechas de colores. La planchita, los alisados químicos como arma de mayor afluencia económica, profesionales con gran deseo de exteriorizar su trabajo y hacerlo conocer cada vez más, pero con poca capacidad técnica, sabiduría tecnológica, escasez absoluta de estilos y líneas en sus propuestas. Veo una peluquería, metafóricamente hablando, con mucho escenario, gran vestuario, actores vanidosos, pero sin contenido en el libreto. Hay muchos profesionales muy talentosos, los que yo personalmente rescataría, la mayoría, aún están jugando a ser famosos, otros copiando estilos de vanguardia para trascender, otros miran más el cuerpo de la modelo que el cabello. Tendríamos que conocernos todos para determinar una figura prominente, muchas veces lo mejor es anónimo aún.


¿Cuál fue la situación más graciosa que viviste en un escenario?


Casi siempre las anécdotas divertidas tienen que ver con la adrenalina y el stress que produce salir a escena. Puedo compartir tres. La primera fue en la Patronal de Peinadores de Montevideo, minutos antes de salir a hacer el show, alguien nos da un caramelo. Estábamos en el escenario, con música, buen clima, y yo estaba peinando a la bellísima modelo top uruguaya Eunice Castro en un majestuoso final de show. De pronto se comienza a mover, cada vez más y yo no podía terminar mi creación. Entonces giro la cabeza, la miro a la cara como para decirle “quedate quieta”, y la veo morada al punto del desmayo. Tenía el caramelo atravesado en la garganta y no podía respirar, un horror que fue luego motivo de carcajadas por horas. Otra fue en un desfile, que mi socio llevó todos los zapatos del mismo pie. Sí, todos. Y un año, cada vez que yo repetía un peinado, el mismo, sea donde sea, pasaba algo. Se cortaba la electricidad, se desmayaba la modelo, saltaba el cierre de un vestido. Es más, el ahogo de Eunice fue con ese mismo peinado.


¿Y la presentación más emocionante para vos?


El show del Palacio de los Congresos, en París, Francia. En el mismo escenario que Vidal Sassoon, Trevor Sorbie, Jean Louis David, representando a mi país con Flavio Orsini, el más grande, y Coty de Moreno. Fue sentir que había llegado más allá de mis sueños, y que alguien se dio cuenta de que éramos reales.


¿Por qué creés que te reconocen tanto profesionalmente?


Porque lo demuestro día a día desde hace 37 años. Por reconocer mis errores y asumir mis virtudes con responsabilidad, sin egoísmos, porque a los 20 años me la creí, a los 30 la construí, a los 40 la compartí totalmente, y hoy cosecho lo que sembré en mi historia profesional, con códigos de ética, honor, y agradecimiento. Creo que lo que me destaca de los demás es que me gusta ser un pedacito de cada uno de ellos y algo más.


¿Qué es lo que más disfrutás de los viajes que realizás?


El aplauso y la aprobación de mis pares. Poder atravesar las fronteras culturales, religiosas, políticas, con la bandera del profesionalismo y el trabajo. Además de que soy comprador compulsivo, adoro el free shop y los shoppings de cada lugar. Si no hay, busco artesanías. Y como me gusta mucho cocinar pruebo la gastronomía de cada lugar.


¿Si no hubieras sido estilista, a qué te hubieses dedicado?


Nunca imaginé ser otra cosa de lo que soy, diseñador de modas. Diseño mis propios vestuarios para mis desfiles y shows. Soy maquillador, ejerzo desde siempre. Soy decorador, construí, decoré y reciclé cada 8 o 10 años todas las casas, interiores y exteriores en los que hemos vivido mi familia y yo. Siempre hice lo que me hizo feliz, fui verdulero, carnicero, sedero, lavacopas, canillita, por deseo y placer. A los 8 años comencé a lavarme la ropa solo porque decía que mi mamá no lavaba bien (risas). Como poder podría haber sido cualquier cosa, pero seguro siempre hubiese tratado de ser el mejor en eso.


¿Qué proyectos te quedan por cumplir?


Proyectos hay muchos, son personales, como mi casa de Sierra de los Padres, para el futuro remanso del guerrero (risas), mi lugar en el mundo. Disfrutar de mis seres amados, cuidarlos y respetarlos hasta que la muerte nos separe. Dejar perplejos a los italianos el 26 de setiembre en Riccione y el 4 de octubre en Nápoles, presentando mi colección “Abismo 2010” y una propuesta técnica y artística con un show denominado “Flores de la vida”. Este es mi mayor desafio profesional, convocado por la Cacf, entidad que agrupa a los grandes del estilismo mundial. Siento que estoy en la mitad del camino, feliz de haberlo transitado y la otra mitad sólo espero que me sorprenda.

Bruno Salas dixit

“Ya no tengo que pensar lo que voy a hacer, sino hacer lo que hace pensar”
“No creo ser el mejor, soy quien puedo ser, en la medida que lo permitan”
“La perfección no existe, pero hay tanto que nos permite acercarnos a ella”
“Cuando todo está creado, recrear es el secreto y en la fusión del mismo está el resultado”
“Cada uno de nosotros necesita al otro, el que más sabe del que menos, para dar, y del que menos sabe, podemos recuperar lo olvidado”



Fuente: Revista Estilo Profesional
Autor: Priscila Pauline
E-mail: contacto@estiloprofesional.net
Web: www.estiloprofesional.net