Viviana Bustos es cosmetóloga internacional, esteticista e instructora de formación profesional, con una extensa trayectoria y un curriculum que asombra por la cantidad de estudios y cursos realizados, así como disertaciones, y colaboraciones en medios y congresos. En una entrevista exclusiva con Estilo Profesional, Viviana nos cuenta un poco lo que ha sido su vida en sus 30 años de profesión.
¿Cómo elegiste ser cosmetóloga?
En la otra vida, como digo yo, trabajaba como fonoaudióloga, pero tuve “la suerte” de tener un acné muy fuerte post adolescente. Por lo tanto estudié cosmetología para mí, en un lugar que en aquella época era muy importante, con un título otorgado por el CONET, con respaldo del Ministerio de Educación, que era Artez Westerley. Y me encantó, y dije “quiero desarrollar esto al máximo”, porque estaba la cosmetología en sus albores, hace 30 años no era lo que es hoy.
¿Cómo fueron tus comienzos y formación?
Comencé en mi casa, trabajando con clientes que se iban recomendando, y como maquilladora también. Luego hice todos los cursos y carreras habidos y por haber. Así pasó el tiempo y conseguí ser parte del Area de Cosmetología del Servicio de Dermatología del Hospital Israelita, desde el año 1990 que estoy ahí. Desde hace varios años soy Coordinadora de este área, y también colaboro con muchos hospitales, porque considero que eso nos da una jerarquía especial. Es uno de los pocos países del mundo donde nosotros estamos como especialidad dentro de un hospital público o privado. Y mi escuela tiene un convenio con el hospital para que los alumnos puedan hacer observaciones hospitaliarias. Además, hace muchos años di el examen internacional Cidesco libre, que lo otorga Suiza para toda la Comunidad Europea, y recibí el título de “Esthéticienne”.
¿Qué te hizo crecer?
A mí me enriqueció mucho el hecho de rodearme de profesionales de gran nivel. Sin ir más lejos, mi esposo, Jorge Cazenave, es dermatólogo, y empezamos a trabajar juntos investigando y haciendo tratamientos exitosos. Mi hermana es Doctora en Química, e hicimos una línea de productos profesionales para cosmetología, tratamientos faciales, corporales y capilares. Es una pequeña empresa familiar donde trabaja también mi hija Mariela en marketing, mis sobrinos Hernán, Sebastián y Nicolás, y el marido de mi hermana, Daniel Brown, también en el laboratorio. Después me fui rodeando de profesoras de excelente nivel. Yo iba viendo quién tenía capacidad para investigar, para estudiar, y como tenemos también instituto de cosmetología y estética podemos ver casos. En la escuela aprendimos a tener clientela para que los alumnos trabajen, y las inquietudes de los alumnos nos enriquecen a nosotros.
¿Por qué pensás que viene gente de toda América a especializarse en tu escuela?
Desde 1998 que tengo la escuela, y ya llevamos casi 15 mil matriculados. Pienso que fue creciendo en la medida que fuimos teniendo prestigio, y nuestra gran virtud es enseñar todo lo que sabemos, siempre estamos estudiando. Vienen hombres y mujeres por igual, de diferentes edades. Y hay un ida y vuelta en un clima muy familiar. También tenemos escuelas adheridas que trabajan con nuestros mismos programas y yo fui la que primero di en Bolivia el curso de cosmiatría para cosmetólogas. Di cursos en Chile, y muchísimos en Brasil. Allá dicen que la profesora que les enseñó a hacer drenaje linfático corporal, facial y corporal, soy yo. También soy Asesora Docente de la FACE (Federación Argentina de Cosmetólogos y Esteticistas). Eso me permite trabajar para la ley nacional y provincial de la cosmetología, cosmiatría y estética corporal. Colaboro con la elaboración de esa ley, eso me enorgullece. Y pertenezco además, a la Asociación Argentina de Cosmetología y Estética, y mis diplomas llevan un respaldo de estas dos últimas instituciones. Muchos extranjeros vienen en busca de diplomas con esos sellos.
¿Cómo decidiste con Norma lanzar una línea de productos profesionales?
Vimos que había algunos productos que no funcionaban, y como yo estoy en permanente contacto con profesionales, ellos me traían sus inquietudes, los productos que necesitaban. Y mi hermana empezó a idear productos con principios activos adecuados a nuestros biotipos cutáneos y a nuestro país, con vehículos adecuados. Y esto funcionó muy bien para los gabinetes, la escuela y los profesionales. Así se hizo una línea que crece día a día para profesionales.
¿Qué se necesita para ser un buen profesional?
Amar estudiar. No solamente la práctica, sino saber mucho de dermatología, de medicina estética,
y muchísimo de química cosmética.
¿Cuál es tu sueño?
Que todo el mundo esté amparado por la ley. Yo siempre digo “no me dejen morir sin la ley”. No solamente que esté, sino que se aplique, para beneficio de todos los profesionales.
Fuente: Revista Estilo Profesional
Autor: Priscila Pauline para Estilo Profesional
Web: www.estiloprofesional.net