Escribe: Marisa del Dago (*)
El “vale todo” en el maquillaje es la tendencia del momento. Saludable paradoja que quizás nos obliga a reinventarnos permanentemente, aspirando a ser lo más naturales y saludables posibles. Internet, con su flujo global de ideas e información al instante, nos permite saber qué proponen las marcas número 1 del mundo en temas como el make-up, las tendencias de colores de pelo, y diseños de indumentaria. Por suerte hay muchos menos criterios unilaterales (y discriminatorios), adquiriendo la belleza una identidad más relajada, auténtica y creativa.
En particular en el maquillaje estamos de parabienes, podemos proponer a nuestras clientas los looks que estimemos como los más sentadores, acordes y apropiados, en las producciones, desfiles o eventos, pudiendo armar composiciones únicas según el lenguaje que se quiera transmitir. Las paletas de colores múltiples, con texturas variadas, y con desborde en los sombreados que llegan hasta el entrecejo, smoky-eyes negrísimos o sus versiones en violetas o azules, los brillos destellantes o los satinados multicolores, son un lenguaje que habla de plasticidad, pudiéndonos escapar de diseños acotados donde hubo límites, bordes, filos, y cortes en los sombreados.
En las décadas anteriores las estéticas impuestas eran las únicas permitidas. Ahora los colores y los diseños se han rebelado para conjugarse con vestimentas en paletas de choque o en analogía de color, componiendo diversas estéticas: sexies, serenas, intensas, naturales o jugadas, según el gusto del maquillador o el de su musa inspiradora. Las pestañas largas son el marco de todo ello, y las postizas individuales, en ramillete o enteras, son indispensables.
Parece ser que cada mujer fue entendiendo que se opta por el modo que mejor exprese su interioridad y su perfil. Hasta las novias se atreven, por ejemplo, a maquillajes en negro logrando ojos profundísimos. Desde ya el make-up siempre será correctivo, pero por sobre él viene la diversión. Las señoras más grandes también se animan, ya que si se aplican con estrategia, los colores vibrantes suelen ser muy sentadores y rejuvenecedores. Las texturas de las bases ultra-cubritivas pero livianas, vienen muy evanescentes y ligeras, y emulan inteligentemente el “efecto Photoshop” tan instalado en el imaginario colectivo.
Las bocas van de los rojos, naranjas, corales, alilados, hasta los gloss ultra traslúcidos.
Aún las latinas preferimos que la intensidad esté en uno de los dos ejes, o se aplica el color en ojos o en labios según el caso, casi nunca en simultáneo, pero esa elección no nos hace menos creativas. Más bien permite maquillajes más delicados, aún con presencia de mucho color en alguna de las facciones.
El make-up de ésta primavera lucirá fresco, radiante y luminoso, con pieles satinadas y bocas con gloss. Está todo permitido, descontracturado y personalizado. Dramático, o desnudo y fresco. Encontrar el propio estilo y animarse a renovarlo según el evento y la vestimenta es la consigna. Estamos andando por ese cambio, por suerte.
(*) Caracterizadora teatral egresada del Teatro Colón; capacitadora en Argentina, Estados Unidos y Ecuador; autora de tres libros de maquillaje; maquilladora para gráfica en reconocidas revistas nacionales para importantes marcas; jurado del Concurso de Maquillaje Avon realizado en Cosmesur 2005; fundadora y primera presidente de la Asociación de Maquilladores de la República Argentina (A.M.R.A.).
Fuente: Revista Estilo Profesional
Autor: Marisa del Dago
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